
Hay que tener presente que la deforestación es la destrucción a gran escala de los bosques por la acción humana para destinarla a la agricultura y para la explotación ganadera, sin embargo hay que considerar que cuando se elimina un bosque para la explotación agrícola o ganadera se disminuye en gran medida la capacidad de la superficie terrestre para controlar su propio clima y composición química. La deforestación es una de las principales amenazas para la vida del hombre en la Tierra, por cuanto un bosque y su ecosistema ayudan a mantener el equilibrio ecológico y preservan la biodiversidad, limitando la erosión en las cuencas hidrográficas e influyen en las variaciones en el clima.
La desertificación es un producto directo de la deforestación y éste problema no esta ausente en nuestro país, en Chile el 67% del territorio chileno está en estado medio-alto de desertificación, que no es lo mismo que desiertos, los terrenos desertificados son territorios en procesos de perdida de fertilidad, perdida de suelo y en degradación por perdida de fuentes de agua, de vida animal y vegetal, por la acción humana.

Según el ultimo censo agropecuario Chile ha perdido durante el periodo 1997 – 2007, el 32 % de tierra fértil y tal como en otras ocasiones lo hemos reiterado, las señales que entrega el Gobierno van en contra del discurso ambientalista que se presenta en las conferencias mundiales, el Estado continúa desafectado territorios rurales para la expansión urbana, para convertirnos en megalópolis como Sao Paulo, Ciudad de México y otras tantas mega ciudades que se caracterizan por la deshumanización de las relaciones entre el territorio y sus habitantes a costa de la perdida de suelo agrícola. Por otra parte se continúa incentivando mediante subvenciones el desarrollo de plantaciones de pino y eucaliptos, estas plantaciones erosionan el suelo y lo dejan inservible para el desarrollo de otras especies, lo que se traduce en una perdida de biodiversidad.
Las miradas de corto plazo en la explotación de los recursos naturales no corresponden a una mirada compatible con el desarrollo sustentable, que tiene la mirada en las generaciones actuales y futuras.
Edgardo Fagerström